Literatura

El viento se lleva ahora las melodías de mi canto
y las deja posar como un ave cansada en tus oídos.
Es que ya te he dicho todo,
solo me quedan un puñado de miradas silenciosas
y mis manos con ansias de recoger cada una de las lágrimas
que recorren tu bello rostro.

Mis versos se apagan poco a poco,
pues para iluminar mi cielo comienza a amanecer tu día.
Deja pues amada mía que el sol estalle en lo alto,
y festejemos hoy el resto de nuestras vidas.


Es bonita la idea de tener suerte para ganar,
pero inmensamente mas maravilloso es
tener valor para conquistar.


Es hermoso imaginar que no tienes cuerpo,
porque así no tienes vencimiento,
serás esencia eterna.
Es tan bonito saber que cometes
los más tontos errores,
y los más profundos aciertos.
Me ilusiona fantasear con
las matemáticas de tus cientos de defectos,
divididos por tus millones de virtudes.
Eres un ser interesante como tantos otros,
pero de tantos otros seres,
eres el único que me interesa.


Te amo así
porque es la única forma de amar que conozco.
De esta forma alocada y con altibajos,
con rencores hechos cenizas
y escondidos en remotos lugares dentro de mi corazón.
Esta es mi forma de amar,
constantemente arbitrario, seleccionando los momentos
en los cuales quiero compartirlo todo
o callar hasta el hastío,
porque hasta en el aburrimiento
encuentro una forma de transmitir lo que siento.
Una mirada que puede reflejar
el más hermoso de los cuadros pintados por Zeus
o mis ojos cerrados,
impidiendo que puedas ver el color de mi alma.
Esta es la única forma que conozco,
con imperfecciones infinitas
y con delicados momentos de pureza.
Con pequeños engaños que traducen largas noches.
Mi forma de amar puede ser débil,
pero también es el sustento de nuestro castillo gigante.
Mi amor incluye
ese estilo tan poco romántico que habrás entendido
a lo largo de todo este tiempo,
pero también puede generar los más sutiles y dulces versos.
Te amo así
porque es la única forma de amar que conozco.
Te amo así
porque conocí el amor la primera vez que te vi.
Quizás mi amor es inmaduro y bienvenido sea,
porque significa que hay mucho tiempo por delante,
hasta que como una fruta de estación
mi forma de amar caiga desde lo alto de nuestro árbol
y por fin se traduzca en costumbre.
Te amo así
porque es la única forma de amar que conozco
y francamente no tengo ganas de aprender
a amar de otra manera.


Te veo allí,
entre los árboles,
y no lo puedo creer.
Estás cansada.
Te describo un paraíso
y te ilumino.
Te enseño a volar,
y cuando noto que tus alas han desaparecido,
arranco las mías y te las obsequio.
Te veo allí,
entre las nubes,
y no lo puedo creer.
Estás volando


Un segundo: Estudiar la literatura de tus ojos.
Un minuto: Escribir poemas en cada una de tus células.
Una hora: Calmar el apetito de Dios con uno de tus cabellos.
Un día: Desnudar tus pechos plateados.
Una semana: Descifrar tus movimientos y plasmarlos en el aire.
Un mes: Acariciar tu sombra sobre la pared.
Un año: Amalgamar el oro de tu alma, néctar del sol.
Un siglo: Purificar, corregir, pecar, quimeras, placer.
Una eternidad: Descubrir tu corazón, hacerlo mío y juntos crear.


El mágico momento en el que dejaste la puerta cerrada,
pero sin llave.
El viento se lleva ahora las melodías de mi canto
y las deja posar como un ave cansada en tus oídos.
Es que ya te he dicho todo,
solo me quedan un puñado de miradas silenciosas
y mis manos con ansias de recoger cada una de las lágrimas
que recorren tu bello rostro.
Mis versos se apagan poco a poco,
pues para iluminar mi cielo comienza a amanecer tu día.
Deja pues amada mía que el sol estalle en lo alto,
y festejemos hoy el resto de nuestras vidas.


Esta cayendo la tarde, pero no te vayas.
Y si lo haces, prométeme que mañana regresarás.
Regálame un motivo para escribirte toda la noche
y traducir cada hora que vivo sin ti en versos de mi libro,
que en definitiva, es tuyo.
Dime que volverás mañana
y podré soportar el frío de esta noche
junto a las brazas de tu eco.
Calma mi sed con tus miradas cómplices,
hazme creer que guardas mis palabras en un cofre
y que en tu noche dibujan sueños.
Y cuando regreses mañana
cuéntame lo que has soñado,
inspírame, así alimento tu descanso aún más.
Si lo deseas, ignórame,
pero regresa mañana y continúa ignorándome.
Esta cayendo la tarde, pero no te vayas.
Y si lo haces, prométeme que mañana regresarás.


¿Y ahora qué?
Cuando he quitado del centro de mi corazón
esta flecha y la he dejado en tus manos.
Cuando me he dejado arrastrar
por la corriente de este caudaloso río
que ha llevado mis palabras a tus oídos.
Que le sigue a la obviedad de haberlo dicho todo,
con los labios, no con el papel.
Que hay más allá de tu certeza
y tus tiempos,
que son mis eternidades.

¿Y ahora qué?
Cuando he vaciado esta copa llena de versos
en otra copa, que es tu copa y de la cual beberemos los dos,
o en tu océano, que jamás navegaré.
Que le sigue a la música
cuando ya no hay notas por cantar.
Que hay más allá de este lugar,
que es el lugar donde viven los enamorados,
en donde viviremos por siempre,
o que jamás habitaremos.

¿Y ahora qué?


Vivo esta noche todas mis edades,
a la luz tenue de este candil
que es una hoguera que me abriga.
Cierro mi pecho hoy bajo las estrellas,
extraigo el zumo de mis recuerdos y mi presente
y me deleito con el néctar servido en mi copa.
Vivo esta noche todas mis edades,
bebiendo tus más sinceras lágrimas,
sabiéndome valiente según tu misma.
Guardo hoy en un cofre este estado del ánimo mío,
afligido por tus palabras tristes,
en este tiempo en que falta la claridad del día.


Salir al universo, dejar que el sol sea mi lamparilla,
y que su calor me castigue dulcemente
con sus millones de pequeños clavillos de oro.
Olvidarme de ti solo un instante
y recordar la esencia característica de todas las cosas.
Cargar sin solemnidad mi bagaje de afectos
y llevarlos hasta el pórtico de tu templo suntuoso,
sin importarme que otras deidades rijan allí.
Escapar de mi cárcel de tinta y manuscritos
y deambular por lo que ocurre verdaderamente.
Así pues pienso, pero miro tus ojos espejados
y no veo mi reflejo, entonces enmudezco.
Y continúo en silencio.


Jugando con las palabras, cantando melodías
y dibujando en el aire tu voz, una y otra vez.
Fue una tarde perfecta, registrándote,
letra por letra, oración por oración.
Tanto nos divertimos que casi nos olvidamos quiénes somos.
¿Es cierto que es más importante
que yo te diga como hacer las cosas?
Es que no estoy seguro que sea el camino adecuado,
y si he de caer, no quiero que caigas conmigo.
Pero seguimos jugando, aunque quizás fui yo
quien estaba en ambos lados del tablero.
Llegaste algunos minutos después de la hora,
casi cuando comencé a imaginar que no vendrías.
Tu puntualidad imperfecta y mis ansias de perfección
van de la mano.
Recorramos este camino desconocido juntos
y hagamos que sea perfecto, tanto como esta tarde,
cuando jugamos con las palabras,
cantamos melodías y dibujamos en el aire tu voz,
una y otra vez,
casi olvidándonos quiénes somos.


No sé tus mañanas.
No sé tus noches.
Solo sé algunos de tus días de verano.
Supongo tu amanecer.
Imagino tus sueños.
Pero solo conozco el sol reflejado en tus ojos.
Me deleito con el festín
que nos regala la sabiduría
cuando nos invita a su mesa,
pero no sé tu apetito.
Solo tengo letra para ti,
porque los otros ya se han llevado lo suyo.
No sé tus añoranzas.
No sé tus alegrías.
Solo escucho el delicado sonido
de tus alas al compás del viento.
Mi cántaro solo tiene agua para ti,
porque los otros ya han saciado su sed.
No sé tu camino hasta aquí.
No sé tus pasos.
Solo sé tu llegada y tu adiós.


Quédate conmigo.
Es que me quedo sin palabras si no estas tú para escucharme.
Entretenerte con mis observaciones graciosas, mirar hacia adentro
y contarte lo que veo.
Escuchándome hablarte de un millón de estrellas,
inclusive descubrir en el eco que persiste en los silencios que casi
no te he dicho nada.
¿Los niños son así, verdad?
Sí, pues soy tan niño como años recorridos.
Desde aquí la vista es interesante.
Siempre lo es desde este punto. Aquí, entre tú y yo.
Si hasta creo que podríamos luchar juntos
y vencer nuestros miedos.
Y aunque hablar no es todo, espero que para ti no sea poco.
Entonces cuando esté por callar para despedirte,
comenzaré de nuevo, pero esta vez en silencio,
y si quieres me convertiré en río y tú en gota de lluvia
para llevarte a donde quieras.
Es que no tengo nada que guardarme,
llévate todo, solo permíteme tu esencia
y escucha mi oferta.
Déjame decirte, mirarte, regálame tu silencio,
quédate conmigo, que ya con eso tengo todo.


Podrás cerrar tus ojos,
pero el sol continuará brillando en lo alto,
y quizás no veas su luz,
pero sentirás el calor.
Amada mía,
que clase de amor estaría yo ofreciendo
si dejo que una sola de tus lágrimas
apague esta hoguera mía, que es la lengua
del volcán más ardiente.
Mujer,
si tan solo una muralla nos separa,
que menos podría hacer yo
que enviar mis ejércitos a destruirla,
y dar batalla hasta encontrar la muerte
o derrumbar los obstáculos de tu corazón.


No te amo, te necesito.
Necesito que me ayudes a encontrarte y que me dejes
contarte lo inmensamente feliz que me siento
cuando en las noches de invierno salgo al jardín
y veo como mi aliento se transforma en nubes.
Quiero contarte lo que siento cuando no estás a mi lado,
que sepas que eres los capítulos más intensos del libro de mi vida.

No te amo, te necesito.
Necesito que seas las cuerdas de mi instrumento, mi tinta,
mi aliento para cantar en las mañanas como lo hacen las aves.
Quiero confesarte que eres esas pequeñas nubes que matizan
los colores ardientes de las tardes de verano.
Eres el verano mismo, eres todas las estaciones de mi año.

No te amo, te necesito.
Porque eres todos los días de mi semana, sobre todo los lunes,
que es cuando todo comienza, y los domingos, porque es cuando
ansío volver a empezar.
Amarte es mi necesidad y es por eso que
no te amo, te necesito.


Nostalgia salvaje de lo que pudiésemos vivir
estando escritos en una misma poesía.
Acendrada impresión y movimiento
que dibujan en el alma una cruel navaja
que me ha herido de muerte,
pero no me ha quitado la vida.
Cualidad extraordinaria de eludir
el camino de mis versos,
hundiendo tan profundamente
en mi esencia el puñal de tu desdén.
Corazones los nuestros que habitan otras gentes,
renta cuantiosa a cambio de la cual
ofrecí el más puro sentir de mi ser.
Noble e ingenuo amor el mío,
que se entrega a tus brazos
para dejarse morir.


Invadiendo tímidamente su mirada
y tomando con suavidad sus delicadas manos,
el joven preguntó a la bella dama:
– ¿Realmente no me quieres?
Te solicito con el respeto que me inspira tu montaña
y el cariño que desprenden las flores de tu jardín,
aquí, mirándome a los ojos me respondas. –
Luego preguntó una vez más:
– ¿Acaso no he logrado que te fijes en mi? –
Por último el joven indagó:
– ¿Cuál es el lugar que me has dedicado? –
A partir de ese momento cambió periódicamente
su epidermis, como lo hacen los gusanos de seda,
las serpientes y algunos otros animales.
Sus manos tomaron otra pluma,
escribieron otros versos,
y sus ojos se mudaron hacia otros rostros,
hacia otras montañas,
hacia otros jardines.


He guardado el mes de noviembre en tus ojos,
protégelo, aliméntalo, cántale,
susúrrale al oído que nunca me olvidarás.
He pintado un mar en tus lágrimas,
navégalo, enfrenta sus tempestades
y en su profundidad guarda mi tesoro.
He olvidado el día que no me besaste,
bórralo del calendario, quémalo,
y con el fuego de la hoguera, enciéndete.
He intentado ser quien hubieras deseado,
pídeme que siga tratando, insinúame,
escribe nuestro libro ideal.
He dicho todas mis palabras,
guarda ahora mi silencio
y haz con el tus melodías.


Es demasiado para ti, me dices,
y para mi es lo mínimo.
¿Por qué derramas tus lágrimas
por aquel que no te hace llorar?
Guarda el agua de tus ojos
para alimentar nuestra semilla.
Tú no puedes ver, me cuentas,
lo que yo en ti he descubierto.
¿Por qué hablas en pasado
cuando te refieres a mi presente?
Deja de lado tus verbos
y vive mis sustantivos.
Te sientes pequeña, me susurras,
pues para mí eres la montaña.
¿Por qué no abres tu portal
y me dejas ingresar?
De tu jardín recogeremos
las flores más bonitas.


Marcelo Caputo